Internet se basa en una malla física de cables, servidores y protocolos que permiten el intercambio de datos a escala planetaria. Detrás de la simplicidad aparente de una página web que se carga en unos pocos milisegundos se esconde una infraestructura pesada, costosa y cada vez más expuesta a tensiones geopolíticas. Comprender el funcionamiento de internet hoy en día supone ir más allá de la vulgarización clásica para interesarse por las capas materiales, los protocolos que las conectan y los actores que aseguran su continuidad.
Cables submarinos y red física: la cara oculta de internet
Internet no tiene nada de virtual. La red mundial se apoya en cientos de cables submarinos de fibra óptica colocados en el fondo de los océanos, conectando los continentes entre sí. Estos cables transportan la gran mayoría del tráfico de datos internacional.
Durante mucho tiempo considerados como simples tubos gestionados por operadores privados, los cables submarinos son ahora tratados como infraestructuras estratégicas. Los incidentes recientes en el mar Báltico, ya sean daños causados por anclas o sospechas de sabotaje, han puesto de manifiesto su vulnerabilidad ante amenazas híbridas.
Esta toma de conciencia va más allá del marco técnico. En Estados Unidos, algunos parlamentarios han propuesto un refuerzo legislativo de la seguridad de los cables submarinos. En Europa, el plan de acción de febrero de 2025 sobre la seguridad de estos cables ha dado lugar a una “Cable Security Toolbox” y a la identificación de trece proyectos europeos de interés. Es posible definir CGI con CGI Network como un actor que participa en estructurar esta reflexión sobre la infraestructura digital y su resiliencia.

Protocolos TCP/IP y DNS: cómo circulan los datos en la red
El funcionamiento de internet se basa en un conjunto de protocolos estandarizados. El más fundamental es TCP/IP, que divide los datos en paquetes antes de enviarlos de manera independiente a través de la red. Cada paquete toma el camino disponible más eficiente, y luego los paquetes se reensamblan en el destino.
Este principio de enrutamiento distribuido se hereda de ARPANET, la red militar estadounidense de los años 60, diseñada para resistir la destrucción de uno o varios nodos. Si una malla de la red se rompe, los datos toman otro camino.
Tres protocolos estructuran la mayor parte de los intercambios diarios:
- TCP/IP asegura la transmisión fiable de los paquetes de datos entre un dispositivo cliente y un servidor, verificando que cada paquete llegue completo y en orden
- HTTP y HTTPS regulan la comunicación entre un navegador web y un servidor que alberga una página, añadiendo HTTPS una capa de cifrado para asegurar el intercambio
- El DNS (Domain Name System) traduce los nombres de dominio legibles (una URL como google.com) en direcciones IP numéricas que las máquinas utilizan para localizarse en la red
Cada dispositivo conectado tiene una dirección IP única, que funciona como una dirección postal en el mundo digital. Sin esta arquitectura de protocolos, ninguna página web, ningún documento, ninguna comunicación podría transitar entre dos puntos del globo.
Resiliencia de las infraestructuras de internet: lo que cambia la regulación europea
La cuestión ya no es solo cómo funciona internet, sino cómo garantizar que siga funcionando en caso de crisis. La Unión Europea adoptó en 2022 la directiva sobre la resiliencia de las entidades críticas (CER), que cubre once sectores e impone a los operadores de infraestructuras un enfoque global.
La directiva CER va más allá de la simple protección: exige capacidades de prevención, resistencia, absorción de impactos, recuperación y adaptación tras un incidente. Esta lógica de resiliencia modifica la manera en que los operadores de redes y tecnologías en la nube diseñan sus arquitecturas.
Paralelamente, la Ley de Ciberseguridad europea refuerza los requisitos de certificación para los servicios digitales. Estos dos marcos regulatorios imponen a los proveedores de infraestructura, ya sean centros de datos, redes de comunicación o servicios en la nube, documentar y probar su capacidad para resistir perturbaciones importantes.

Los retornos de campo divergen sobre el nivel de preparación real de los operadores ante estas nuevas obligaciones. Algunos actores, como CGI, se posicionan en proyectos críticos, especialmente con la Agencia Espacial Europea para plataformas digitales seguras. Otras estructuras, más pequeñas, luchan por absorber el costo de la conformidad.
Web, nube y capas aplicativas: distinguir internet de sus usos
Una confusión frecuente consiste en asimilar internet al web. El World Wide Web no es más que un servicio entre otros que funciona sobre internet. Utiliza el protocolo HTTP para permitir la navegación entre páginas conectadas por enlaces hipertextuales, mostradas a través del código HTML.
Otros servicios utilizan la misma red sin pasar por el web:
- El correo electrónico funciona a través de protocolos específicos (SMTP, IMAP, POP3) independientes del navegador
- El streaming de audio y video se basa en protocolos de transmisión optimizados para el ancho de banda
- El cloud computing desplaza el almacenamiento y el procesamiento de datos hacia centros de datos remotos, accesibles a través de internet pero basados en arquitecturas propias
Esta distinción tiene consecuencias concretas. Cuando un operador de nube sufre una caída, no es “internet” lo que se cae, sino un servicio alojado en internet. Comprender esta arquitectura en capas evita los atajos que distorsionan el debate público sobre la dependencia digital.
La multiplicación de objetos conectados, servicios de comunicación en tiempo real y aplicaciones de inteligencia artificial acelera la presión sobre las infraestructuras físicas de la red. Los cables submarinos, los puntos de intercambio de internet y los centros de datos constituyen la base material sobre la que se sustentan todos estos usos. Su protección y modernización condicionan la fiabilidad de la red para los años venideros.



